“Todo es una mierda” la apuesta de Netflix que sorprende más allá de su título

Netflix nos dejó el pasado 16 de febrero con una serie bastante llamativa por su título “Todo es una mierda” (Everything sucks! en inglés) al igual que por su historia.

La primera temporada de la susodicha comienza un viernes 27 de septiembre de 1996 en el que nos trasladamos al año lectivo del Instituto Boring (“aburrido”), en un pueblo no muy turístico de Oregón (EEUU). En su primer día de instituto, Luke (Jahi Winston) y sus amigos, McQuaid (Rio Mangini) y Tyler (Quinn Liebling) , se unen al Club de Audiovisuales, donde se encuentran con Kate (Peyton Kennedy), una chica peculiar y tímida, hija del director y con la que completaran el grupo de “marginados, frikis o inadaptados sociales” para los demás.

Fuente: hobbyconsolas.com

Más adelante, deberán enfrentarse a las aventuras y desventuras que la adolescencia les presenta junto al grupo de teatro, formado por los melodramáticos Oliver (Elijah Stevenson) y Emaline (Sydney Sweeney). Con ellos rodarán el primer proyecto de sus vidas, una película que les llenará de sensaciones y anécdotas: desengaños amorosos, problemas de amistad, altibajos emocionales o desavenencias familiares.

Oliver y Emaline. Fuente: mtv.com

La serie de Ben York Jones y Michael Mohan, recuerda poderosamente a ‘Freaks and Geeks’ o ‘My So Called Life’. Además, sin lugar a dudas, esta serie considerada “millenial” deja claro su ambientación a mediados de los noventa, ahora melancólicos, ya que termina su primer episodio con “Dont look back in anger” de Oasis y cierra el último con “In the time” de Spacehog, de la misma manera que Stranger Things nos mostró los aclamados ochenta.

McQuaid. Fuente: fotogramas.es

Se sitúa el 1996 exponiendo la mirada tierna y encantadora de la adolescencia donde en teoría no ocurre nunca nada pero sin embargo los jóvenes empiezan a procesar algunos traumas de su infancia, como el abandono o la muerte de un familiar. Esta fecha permite que las relaciones entre los personajes tengan una inocencia favorecedora en cuanto a Kate y Luke, o incluso Emaline (a partir del cuarto capítulo), que hoy en día no podría darse ya que nos centraríamos en base a las redes sociales.

Kate y Luck. Fuente: fueradeseries.com

Podemos ver cómo hay varios personajes llamativos pero son dos los protagonistas de la temporada. Por un lado, Luke tiene que darse cuenta de que el mundo no gira alrededor de sus problemas, mientras que por otra parte, parece que la serie se centra más en la vida de Kate y en cómo empieza a explorar sobre sus inclinaciones sexuales que en esa década sus compañeros ven como un gran problema o un error. Esto le causa un miedo al rechazo que, junto a Emaline, se puede ver durante la temporada, así como el desarrollo del tema LGTB+, mencionado de distinto modo en varios de los episodios.

Kate. Fuente: Scott Patrick Green/Netflix

Por último, cabe destacar que aunque la serie apele a la nostalgia de los que fueron adolescentes durante los 90, cualquier público puede disfrutar de ella ya que también muestra cómo se enfrentan los adultos a los “problemas” amorosos que surgen a su edad o a la dificultad de comprender la adolescencia de sus propios hijos, aportándole a la serie momentos muy emotivos como ocurre en los capítulos 7, 8 y 9.

“Todo es una mierda” apenas llega a los 25 minutos por capítulo, logrando que la serie no sea cargante y demostrando al espectador que en sus diez episodios puede conseguir tener muchas sensaciones distintas, sobre todo en los tres últimos. Una serie por tanto muy recomendada por OnPlayMag y de la que esperamos ansiosos una segunda temporada.

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