Poesía Portátil: Dickinson, “Morí por la belleza”

Portada del libro. Fuente: Fnac.

En vida, Emily Dickinson fue poeta entre los límites de su casa y no mucho mas allá, pues solo publicó siete poemas (y de forma anónima) que además fueron censurados con tal de ajustarlos a las convenciones de la época. Al morir la poeta, fue su hermana la que encontró toda la producción lírica, de la que se conservan casi dos mil poemas.

Esta selección de Andreu Jaume es con certeza una síntesis perfecta de todos los viajes que la escritora hizo desde su habitación en cada madrugada en la que escribía.

Sus versos dan la sensación de que ella nunca creyó estar encerrada. Su imaginación la llevó a todos los lugares que ella quiso, tanto en el espacio como en el tiempo. Siempre inquieta por saber qué había tras la muerte, qué había tras el inmenso cielo, qué había bajo el profundo mar. Siempre inquieta por saber de qué morimos realmente, si de Belleza o de Verdad, en un mundo donde ambas son hermanas gemelas.

Un atisbo de miedo, pompa, lágrima,

despertar con el día y descubrir

que aquello por lo cual nos despertábamos

respira ya en un alba diferente.

El estilo métrico de Dickinson está en perfecta consonancia con su personalidad. El carácter rebelde está entretejido con las rimas: totalmente libres de normas, convenciones, medición o mesura. No ponía su energía en contar sílabas o en cuadrar rimas. Escribía anárquicamente, dejando que de la pluma fluyeran las letras sin reparos. Esto hace que sus versos de arte menor (en su mayoría) tengan alas.

Donde puso el foco fue en el contenido de sus poemas. Al hablar de la estadounidense la primera palabra siempre es –pasión-, una antítesis con su estilo de vida: recluida, en un principio, en su casa, y ya en los últimos años de vida en su habitación. Y es que aunque su pasión naciera confinada entre cuatro paredes, esto no la hizo menos ardiente, menos grande ni menos intensa.

La poeta juega al pilla-pilla con la belleza, se entrevista con la Vida y la Muerte, contraponiéndolas, comparándolas e igualándolas. Además, se pelea con Dios en conversaciones unidireccionales, buscando respuestas pero sin obtener contestación.

Lo que es el agua lo enseña la sed.

Lo que es la tierra el mar que hay que cruzar.

El júbilo lo enseña la amargura,

la paz lo que se cuenta de batallas,

el amor el mantillo de la tierra.

Y lo que es la belleza lo enseñan los versos de Emily.

La soledad autoimpuesta de Dickinson está reflejada en Historia de una pasión, película dirigida por Terence Davies y protagonizada por Cynthia Nixon.

Desde su confinamiento personal, Dickinson y su poesía te llevarán hasta el Himalaya a bordo de unos pocos versos. Seguro que su éxito llegó a ella hasta allá donde estuviera para llevarle las buenas nuevas de que triunfó aunque fuera de forma póstuma.

Es la esperanza lo que lleva plumas

y se posa en el alma,

cantando una tonada sin palabras

que nunca tiene fin.

Puedes encontrar este título de la colección en Fnac.

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