Poesía Portátil: Alejandra Pizarnik

Portada del libro. Fuente: Fnac.

Alejandra Pizarnik nació en Argentina  al migrar sus padres, judíos de origen ruso y eslovaco, huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Si bien sus orígenes ya la marcaron desde el nacimiento, durante su infancia y adolescencia desarrolló problemas de baja autoestima que la acompañaron hasta que decidió quitarse la vida con 36 años.

Saltó de una carrera universitaria a otra para acabar descubriendo que el estudio sistemático y metódico no era el adecuado para ella. Terminó por dedicarse íntegramente a la lectura y escritura, ayudada por amistades que entabló, sobre todo, durante los cuatro años que vivió en París, entre los que destacan Rosa Chacel, Octavio Paz y Julio Cortázar.

alguna vez

alguna vez tal vez

me iré sin quedarme

me iré como quien se va.

El tema principal sobre el que poetizaba Pizarnik era su propia muerte, y lo hacía con un estilo sencillo y directo, sin figuras literarias que adornasen sus palabras, sino todas seguidas como soltadas en una sola bocanada de aire con tal de no ahogarse.

La antología es una selección de Ana Becciu, amiga de la poeta, que también se ha encargado de realizar toda su compilación poética. Hace un trabajo impecable escogiendo poemas de todas las etapas de la autora, incluyendo la Extracción de la piedra de la locura (1968), una carta que escribe a la muerte.

Si vieras a la que sin ti duerme en un jardín en ruinas en la memoria. Allí yo, ebria de mil muertes, hablo de mí conmigo solo por saber si es verdad que estoy debajo de la hierba.

Un rasgo distintivo en su poesía es la presencia de la metafísica desde sus inicios. La búsqueda continua del ser, de su propia identidad, en poemas en los que habla de sí misma en primera y tercera persona como acercándose mucho, analizando su esencia para después alejarse con deseos terribles de volar lejos, tomando perspectiva. Así logra ese estilo único y propio con el que hablaba, también con un marcado surrealismo en frases que van y vienen sin signos de puntuación que los regulen, pues corren entre las exhalaciones libres y anárquicos a la gramática y al paso del tiempo.

Buscar.

No es un verbo sino un vértigo. No indica acción. No quiere decir ir al encuentro de alguien sino yacer porque alguien no viene.

Por su conexión temática con Rilke, Baudelaire y Rimbaud, ha sido considerada una poeta maldita. Transmite esa sensación de siempre estar buscando la libertad. Pero el objetivo no es alcanzarla, sino entenderla, lograr comprender de qué se trata, de qué está hecha, a qué sabe, si siempre es la misma para todo el mundo, si existe siquiera o es un invento para mantener la vida con un propósito distinto a la inevitable muerte.

Pizarnik pregunta tantas cosas sumida en la ansiedad de no saber a dónde llegan sus palabras, que aunque la acompañan, también la atormentan, pues son el reflejo de las grandes verdades que incluso dichas en un susurro podrían causar el derrumbe de los más antiguos cimientos.

En 1972, a los 36 años, decidió quitarse la vida con una sobredosis de barbitúricos. En su velatorio la acompañaron sus últimos versos:

no quiero ir

nada más

que hasta el fondo

Puedes encontrar este título en Fnac.

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