Nunca olvides que te quiero

    Portada del libro. Fuente: La Casa del Libro.

Revisito este libro una década después de leerlo por primera vez para sentir de nuevo las mismas emociones, la misma impresión. Nunca olvides que te quiero me desgarró el alma con 10 años y me ha vuelto a desgarrar con 20.

Madison es una niña feliz hasta que un desconocido la secuestra y la mantiene cinco años encerrada. Delphine Bertholon te lleva de la tristeza más profunda al alivio en un suspiro que parece eterno.

Aunque esto sea un poco spoiler, he de decir que la trama es “lo de menos”. Lo crudo del libro es el crecimiento personal que Madison experimenta a través de un cuaderno entre cuatro paredes contra su voluntad.

La novela combina tres voces narrativas: la de Madison, desde el cautiverio; la de su madre, que mantiene viva a su hija mentalmente con las cartas que escribe; y la de Stanislas, amigo de la familia, profesor de tenis de Madison y proyecto de escritor, que al final del libro descubrirá que quizá no sea así.

Ha nacido un escritor y no soy yo.

La prosa de la escritora francesa, que logra construir tres registros tan distintos entre sí, te sumerge en todas las vidas que se ven afectadas por el secuestro. Una cautividad impuesta que te lleva a preguntarte cómo puede alguien segar vidas de esta forma, aunque sea en la ficción.

La luz dentro de una novela llena de oscuridad nace de todos los tipos de amor que mantienen viva a Madison.

Delphine buscaba hablar de la adolescencia en alguna novela hasta que la inspiración le llegó.

Así que cuando surgió el caso de Natacha Kampusch encontré un punto de partida excelente, una temática más grande que la vida misma.

Rescato esta novela del fondo de mi estantería con el corazón en un puño pero una sonrisa en el pecho por la calidad narrativa y el final en el que por fin respiras tranquila.

Puedes encontrar este título en formato digital en La Casa del Libro.

 

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