No creo poder tocar el cielo con las manos

Safo de Mitilene fue la primera poetisa, nacida en torno al año 600 antes de Cristo. A caballo entre figura histórica y mito, la escasa información que se conoce sobre ella la envuelve en un halo de misterio. A pesar de ello, ha tenido la admiración de autores como Virginia Woolf, Charles Baudelaire o Rainer Maria Rilke.

Más allá de las historias de su activismo político, sabemos que dirigía una asociación femenina dedicada al culto de Afrodita, pero que también hacía las veces de Academia pues enseñaban arte, canto, danza y literatura. Este círculo de mujeres marcó la vida y obra de la poetisa.

Me parece un igual a los dioses/ el hombre que se sienta enfrente de ti/ y te escucha de cerca cuando hablas/ con ternura/ y cuando ríes seductora.

Safo de Mitilene.

Desgraciadamente solo se puede especular acerca de la biografía de esta autora clásica, y tan solo se conserva alrededor de un diez por ciento de su obra, después de que el Papa Gregorio VII ordenase quemar los poemas sáficos por inmorales. Algunos poemas están incompletos, solo se conocen un par de versos o faltan palabras que han venido a sustituirse con puntos suspensivos para que sea la propia imaginación del autor la que los complete.

Vuelve a verme, ahora como antes,/ deshazme de cuidados, y cuanto mi corazón/ desea que se cumpla, cúmplelo, y tú, diosa/ sé mi aliada.
No puede haber llanto en la casa/ de las sirvientas de las Musas,/ ni sería propio de nosotras.

Safo de Mitilene.

La poetisa se dirigía constantemente a Afrodita, diosa del amor y la belleza, en una conversación impregnada de un ruego de salvación. Se debía a ella, su diosa, a la delicadeza, a encontrar la virtud en la naturaleza. Describe el amor mientras este se enreda en sus pensamientos, en su piel, en el miedo previo a una boda, entre las encinas estremeciéndolas. Llama al frescor de su novedad y al ardor de su pasión, pues según Safo lo que se ama es lo más bello que hay sobre la tierra negra.

Llama la atención la musicalidad que mana de sus letras a pesar de la traducción. Y es que Safo de Mitilene escribía sus poemas para que fueran acompañados de una lira.

Por el camino que lleva al Olimpo/ no pueden ir los hombres.

Safo de Mitilene.
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